15 Abr La Cícer, cuna del surf en Gran Canaria
Hablar de surf en La Cícer es hablar del corazón del surf urbano en Gran Canaria. Este tramo de Playa de Las Canteras lleva décadas siendo un punto de encuentro natural para surfistas locales, visitantes y escuelas que entienden que el aprendizaje empieza siempre por un buen entorno. La ausencia de la barra volcánica, el fondo arenoso y la constancia del mar han convertido La Cícer en un lugar donde la evolución se nota sesión tras sesión. Para quienes entrenan, este rincón representa un aula perfecta.
Caminar hacia La Cícer con la tabla bajo el brazo es un gesto común en Las Palmas de Gran Canaria. Basta mirar el agua para entender por qué: las olas rompen sin la protección de la barra natural que domina gran parte de Las Canteras, creando un paisaje más expuesto, dinámico y, sobre todo, ideal para aprender a leer el mar. Según se recoge en la descripción de la propia playa, esta zona presenta un fondo mayoritariamente arenoso y carece de la barrera rocosa que define la parte central de la bahía . Esa particularidad ha moldeado su carácter surfista durante más de medio siglo.
Un punto histórico para el surf en la isla
La Cícer, llamada antiguamente Punta Brava, se popularizó en los años setenta como uno de los primeros lugares donde se practicaba surf en Gran Canaria. El barrio creció alrededor de un ambiente desenfadado, ligado al océano, y poco a poco se consolidó como epicentro de la comunidad surfista de Las Palmas. El nombre actual proviene de la antigua Compañía Insular Colonial de Electricidad y Riegos (CICER), cuyas instalaciones alteraron el perfil del fondo marino y favorecieron la formación del arenal que hoy conocemos .
Este pasado industrial contrasta con la energía del lugar actual: jóvenes que dan sus primeros pasos, surfistas locales que encadenan maniobras antes de ir a trabajar y escuelas que enseñan con un océano abierto como telón de fondo.
Un spot versátil para distintos niveles
La Cícer funciona gracias a dos elementos:
1. Un fondo arenoso accesible
Esto permite que quienes se inician puedan centrarse en el take off y en la remada sin la tensión que generan los fondos rocosos o volcánicos presentes en otros rincones de la isla. La playa se reconoce precisamente por tener uno de los arenales más extensos de Las Canteras .
2. Una ola cambiante, perfecta para progresar
La zona trabaja especialmente bien con mar de fondo del noroeste y viento suave. El invierno trae mayor consistencia; el verano, olas más suaves con mañanas tranquilas antes de que el viento entre con más fuerza .
Esa combinación permite que el surfista mejore de forma orgánica. Unos días la ola exige anticipación, otros, un take off más decidido; otros, paciencia. Es justamente ese carácter cambiante lo que convierte La Cícer en un aula perfecta para aprender y dominar el surf.
El papel de La Cícer en la formación surfista
Para escuelas como Mojosurf, ubicadas en Las Palmas, La Cícer es uno de los escenarios clave para entrenar. La cercanía a la ciudad, la comodidad del acceso y la posibilidad de trabajar con varios niveles simultáneos la convierten en un lugar idóneo para enseñar. Las sesiones de iniciación se benefician del fondo de arena y del amplio espacio disponible; las de perfeccionamiento, de la variabilidad del pico y de la necesidad de ajustar decisiones en cada serie.
Muchos surfistas locales explican que La Cícer les enseñó algo más que técnica: les dio ritmo. La lectura de la corriente, la forma de posicionarse entre picos móviles y la manera de aprovechar la ola en días pequeños son aprendizajes que la zona ofrece de manera natural.
El valor de un spot urbano
Algo distingue a La Cícer de otras costas de Canarias: su integración en la ciudad. Forma parte de Las Canteras, una playa urbana de más de tres kilómetros donde surf y vida cotidiana conviven a pocos metros. La playa está directamente conectada con el barrio de Guanarteme, sus cafés, sus tiendas de surf y un paseo marítimo que respira ambiente oceánico en cualquier época del año.
Su ubicación privilegiada permite combinar una sesión temprana con un desayuno frente al mar, o terminar el día con un baño al atardecer. Y, sobre todo, posibilita que el surf no sea una escapada puntual, sino que se convierta en un hábito.
Un mar para aprender y un mar para crecer
Aunque La Cícer es conocida como un spot ideal para iniciación, también es un terreno fértil para surfistas que buscan perfeccionar maniobras. Al no tener una ola perfectamente mecánica, exige un tipo de surf más atento que obliga a ajustar la remada en función del rebote, cambiar el ángulo de entrada, mantener la velocidad en secciones que se abren y se cierran.
Esa necesidad de adaptación constante es una ventaja para quienes están dando el salto del nivel básico al intermedio, porque obliga a observar lo que ocurre más allá de la tabla. Mojosurf aprovecha esa riqueza para diseñar cursos cuyo objetivo principal es lograr la progresión.
Consejos para surfear en La Cícer
- Madrugar ayuda
Los vientos son más suaves al amanecer y el mar suele estar más ordenado.
- Elige bien el volumen
Las condiciones variables agradecen tablas que perdonen errores y mantengan estabilidad.
- Respeta las corrientes
Pueden cambiar con la marea; es clave leer el canal antes de entrar.
- Observa antes de saltar al agua
El spot se mueve: vale la pena estudiar el ritmo del pico durante unos minutos.
La esencia de La Cícer
Quien viene a surfear a La Cícer no solo busca una ola. Busca una mezcla: energía urbana, cultura local, aprendizaje constante y un océano que, sin la protección de la barra, muestra su carácter más directo. Aquí se aprende a surfear desde la honestidad del mar abierto, sin artificios.
Para muchos surfistas locales, La Cícer no es solo un lugar donde entrenaron su primer take off o su primer giro. Es un punto de partida. Y para quienes llegan hoy a Las Palmas con ganas de progresar, sigue siendo exactamente eso: un espacio vivo donde el océano enseña cada día algo distinto.
