Eduardo Acosta: “El surf es un reflejo de la vida; te caes, te levantas y buscas tu propio equilibrio”

Para Eduardo Acosta, el surf nunca fue solo deporte, sino una escuela de paciencia. De aprender con una tabla regalada y cintas de vídeo VHS a convertirse en tricampeón de España, su trayectoria respira salitre y constancia. En esta charla, el fundador de Mojosurf nos abre las puertas de su visión: por qué el mar exige respeto y lectura antes que técnica, cómo pasó del free surf a la estrategia madura y por qué, al final, surfear se trata de encontrar tu propio equilibrio tras cada caída.

A veces, las grandes historias no empiezan con una revelación mística, sino con algo tan terrenal como un regalo de Reyes que salió mal. Eduardo Acosta, hoy referente indiscutible del surf en Canarias y fundador de Mojosurf, no creció en una escuela de tecnificación. Su primer contacto con las olas fue mucho más orgánico, casi accidental: «un amigo recibió una tabla como regalo de Reyes, probó la experiencia, no le gustó y nos la acabó regalando al grupo. Así empezamos: compartiendo una tabla entre seis amigos».

Esa imagen de una tabla pasando de mano en mano define una época en la que el surf se aprendía a base de ensayo y error. «No existían las escuelas, no había nada. Éramos autodidactas», recuerda Eduardo. La técnica no venía en manuales, sino en cintas de VHS que llegaban de California o Australia. «Nos fijábamos en los americanos y tratábamos de imitar lo que hacían en esos vídeos».

Del free surf a la competición por un «engaño»

Quizás por ese origen libre, Eduardo nunca tuvo el foco puesto en los trofeos. Se definía como un free surfer, alguien que entra al agua por puro placer. Sin embargo, el destino, y un amigo con mucha vista, tenía otros planes. «Me engañó, literalmente», cuenta entre risas al recordar su primer campeonato en Tenerife. «Yo pensaba que íbamos a surfear por libre y, al llegar a la playa, me dijo que ya estaba inscrito. Al final me metí, quedé segundo y pensé: ‘Oye, pues esto no está mal'».

Ese podio accidental despertó al competidor. La rutina de entrenamiento le enganchó y acabó convirtiéndose en tricampeón de España y doble campeón de Europa Máster. Pero la semilla de su verdadera vocación, la enseñanza, ya estaba plantada desde mucho antes, frente a aquellos viejos reproductores de vídeo.

La obsesión analítica detrás de Mojosurf

«Cuando veíamos aquellos vídeos, yo me obsesionaba con analizar la técnica: le daba para adelante y para atrás a la cinta para entender el movimiento». Esa curiosidad analítica es el ADN de Mojosurf. Eduardo fundó la escuela en 2010, coincidiendo con el boom del surf a nivel de masas, con un objetivo claro: trasladar esa visión técnica a quienes empezaban.

Pero enseñar a surfear no es solo explicar cómo ponerse de pie. Para Acosta, hay una barrera invisible que muchos principiantes ignoran: el mar no es una piscina. «La gente piensa que esto es fácil, pero el mar es un reto constante lleno de peligros si no se conoce», advierte.

Por eso, su metodología va más allá de la técnica pura; se centra en la integración. «Hay que enseñar los valores, las normas no escritas del pico y el respeto. No se trata solo de surfear, sino de entender dónde puedes estar y dónde no«, explica. Es la diferencia entre lanzarse al agua a ciegas y disfrutar de una «diversión controlada» bajo la guía de la experiencia asistida.

El gimnasio que no pesa y la lección vital

Cuando le preguntas qué significa el surf en su día a día, la respuesta de Eduardo conecta con cualquiera que busque bienestar sin sufrimiento. «Es el único deporte que te mantiene en forma sin que sientas que estás haciendo un esfuerzo. No te da la pereza que supone ir al gimnasio; siempre tienes ganas de ir al agua«.

Sin embargo, tras décadas leyendo el mar, su visión ha trascendido lo físico. Para él, cada sesión es una metáfora. «El surf es un reflejo de la vida: es una lucha constante donde te marcas objetivos, te caes y te tienes que volver a levantar».

Hoy, su relación con las olas ha madurado. Atrás quedó la impulsividad de la juventud. «Antes era más ‘loco’. Ahora he ganado en estrategia», confiesa. Sigue disfrutando de las olas grandes, pero ahora su prioridad es el análisis previo y la seguridad. «Me gusta analizar el mar perfectamente antes de cada sesión». Porque al final, ya sea en la competición, en la enseñanza o en la vida personal, la lección que el océano le ha grabado a fuego es simple: todo se trata de buscar tu propio equilibrio.



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